Capítulo 3

El engaño por parte de los espíritus inmundos en los tiempos modernos.

 

En el ataque especial del engañador que vendrá sobre toda la Iglesia verdadera al cierre de la era, mediante  el ejercito de espíritus engañadores, hay algunos que son atacados más que otros por los poderes de la oscuridad, que necesitan luz sobre sus obras engañosas, para que puedan pasar la prueba de la Última Hora, y ser tenidos por dignos de escapar de la hora de juicio más grande, que viene sobre la tierra (Lucas 21:34-36; Ap. 3:10).

 

Esto se debe a que entre aquellos que son miembros del Cuerpo de Cristo hay grados de crecimiento, y por lo tanto grados de prueba permitidos por Dios, quien provee una vía de escape para aquel que conoce su necesidad y mediante la vigilia en oración mira que no caiga. El es el Señor Soberano del Universo, y a Satanás le ha establecido límites con cada creyente redimido (véase Job 1:12; 2:6; Lucas 22:31). Algunos de los miembros de Cristo todavía están en la etapa de la primera infancia y otros ni siquiera conocen la recepción inicial del Espíritu Santo. A los tales este libro no tiene mucho que decirles, ya que están entre los más débiles que necesitan la “leche de la Palabra”. Pero hay otros que se pueden describir como la guardia avanzada de la Iglesia de Cristo, que han sido bautizados con el Espíritu Santo, o que están buscando ese bautismo; creyentes honestos y sinceros, que gimen y lloran por la impotencia de la verdadera Iglesia de Cristo y que se duelen de que su testimonio sea tan ineficaz; de que el espiritismo y la ciencia cristiana y otros “ismos” están arrastrando a miles a sus errores engañosos, sin pensar que, a medida que ellos mismos se adentran en el reino espiritual, el engañador, que ha descarriado a otros, tiene artimañas especiales preparadas para ellos, para que pueda volver ineficaz su poder agresivo contra él. Estos son los que están en peligro del engaño especial de los falsos “Cristos” y de los falsos profetas y al cebo sorprendente de “señales y maravillas” y de “fuego del cielo”, planeado para enfrentar su anhelo de la poderosa interposición de Dios en la oscuridad que se establece sobre la tierra, pero quienes no reconocen que tales obras de los espíritus del mal son posibles, y así no están preparados para enfrentarlas.

 

Estos son los que también están incesantemente dispuestos a seguir al Señor a cualquier costa, aunque no se dan cuenta de la falta de preparación para la contienda con las fuerzas espirituales del mundo invisible, a medida que siguen adelante hacia las cosas espirituales más completas. Creyentes que están llenos de concepciones mentales forjadas en ellos en los años anteriores, que le impiden al Espíritu de Dios prepararlos para todo lo que enfrentarán a medida que siguen adelante hacia la meta codiciada; concepciones que también le impiden a los otros darles de las Escrituras mucho de lo que necesitan saber del mundo espiritual en el cual están avanzando tan ciegamente. Concepciones que los adormecerán hasta tener una falsa seguridad, y que la darán terreno y hasta producirán ese mismo engaño que le permite al engañador tener una presa fácil.

 

¿LAS “ALMAS HONESTAS” PUEDEN SER ENGAÑADAS?

 

Una idea prevaleciente que tales creyentes han incrustado en sus mentes es que a “los que buscan a Dios honestamente” no se les permitirá ser engañados. Que esta es una de las mentiras de Satanás, adormecer a los que buscan a Dios para llevarlos a una posición de seguridad falsa, está demostrado por la historia de la Iglesia durante los últimos dos mil años, ya que cada “estratagema de error” que ha dado triste fruto durante este período, primero capturó a los creyentes devotos que eran “almas honestas”. Los errores entre los grupos de esos creyentes, algunos bien conocidos para la generación actual, empezaron todos siendo hijos de Dios “honestos”, bautizados con el Espíritu Santo; y todos estaban tan seguros de que al conocer el descarrío de otros antes que ellos no serían nunca atrapados por las artimañas de Satanás. Aunque ellos también han sido engañados por espíritus mentirosos, que falsifican la obra de Dios en rangos más altos de la vida espiritual.

 

Entre tales creyentes devotos, los espíritus mentirosos han obrado sobre su determinación de obedecer literalmente las Escrituras, y mediante la mala utilización de la letra de la Palabra escrita, se han adentrado en fases de verdad desequilibrada, dando como resultado prácticas erróneas. Muchos que han sufrido por su adhesión a estos “mandamientos bíblicos” creen firmemente que son mártires que están sufriendo por Cristo. El mundo llama “rayados” y “fanáticos” a estos creyentes, aunque dan evidencia de la más alta devoción y amor a la Persona del Señor, y podrían ser liberados, si sólo entendiesen porqué los poderes de la oscuridad los engañaron y el modo de liberación de su poder.

 

El resultado del Avivamiento en Gales, que fue verdaderamente una obra de Dios, reveló cantidades de “almas honestas” que quedaron tan atraídos por los poderes sobrenaturales de la oscuridad que no eran capaces de discernirlos de la verdadera obra de Dios. Y aún después del Avivamiento Galés, ha habido otros “movimientos”, con grandes cantidades de siervos de Dios honestos arrastrados al engaño, a través de las artimañas de espíritus engañadores que falsificaban las obras de Dios; todas “almas honestas” engañadas por el sutil adversario, y determinados a seguir siendo guiados a engaños aún más profundos, sin importar su honestidad ni sinceridad, si no se despiertan para “regresar a la sobriedad” y recuperarse de la trampa del diablo en la cual han caído (2 Tim. 2:26).

 

LA FIDELIDAD A LA LUZ NO ES SUFICIENTE SALVAGUARDIA CONTRA EL ENGAÑO

 

LOS HIJOS DE Dios necesitan saber que ser verdaderos en sus motivos y fieles a la luz, no es suficiente salvaguardia contra el engaño; y que no es seguro para ellos confiar solamente en su “honestidad de propósito” como si garantizara protección de las estratagemas del enemigo, en vez de prestar atención a las advertencias de la Palabra de Dios, y vigilar en oración.

 

Los cristianos que son fieles y honestos pueden ser engañados por Satanás y por sus espíritus engañadores, por las siguientes razones:

(a)                 Cuando el hombre se convierte en un hijo de Dio, por el poder regenerador del Espíritu, dándole nueva vida a medida que confía en la obra redentora de Cristo, no recibe al mismo tiempo plenitud de conocimiento, tanto de Dios, como de sí mismo o del diablo.

(b)                 La mente que por naturaleza está oscurecida (Ef. 4:18), y bajo un velo creado por Satanás (2 Co. 4:4) sólo se renueva y el velo se destruye hasta el punto en que la luz de la verdad lo penetra, y de acuerdo a la medida en que el hombre es capaz de comprender.

(c)                 El “engaño” tiene que ver con la mente, y significa que un pensamiento erróneo admitido en la mente, bajo el engaño de que es verdad. Ya que el “engaño” se basa en la ignorancia y no en el carácter moral, un cristiano que el “verdadero” y “fiel” de acuerdo al conocimiento que tiene, debe estar abierto al engaño en la esfera en la que es ignorante de los “maquinaciones” del diablo (2 Co. 2:11), y de lo que es capaz de hacer. Un cristiano “verdadero” y “fiel” es probable que sea “engañado” por el diablo a causa de su ignorancia.

(d)                 El pensamiento de que Dios protegerá a un creyente de ser engañado si es verdadero y fiel, es en sí mismo un engaño, porque le baja la guardia a un hombre, e ignora el hecho de que hay condiciones de parte del creyente, las cuales se tiene que cumplir para que Dios obre. Dios no hace nada en lugar del hombre, sino mediante la cooperación del hombre con Él; ni promete compensar la ignorancia del hombre, cuando Él ha provisto conocimiento para é que evitará que sea engañado.

(e)                 Cristo nunca habría advertido a sus discípulos “Mirad.. que no os engañen” si no hubiera habido peligro de engaño, o si Dios hubiera prometido guardarlos del engaño aparte de su “mirad”, y su conocimiento de tal peligro.

 

El conocimiento de que es posible ser engañado, mantiene la mente abierta ala verdad y a la luz de Dios, y es una de las condiciones primarias para mantener el poder de Dios; mientras que una mente cerrada a la luz y a la verdad, ciertamente es una garantía de engaño por parte de Satanás a la primera oportunidad.

 

EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO

 

A medida que miramos atrás en la historia de la Iglesia, y vemos el surgimiento de varias “herejías” y engaños – como a veces se las ha llamado – podemos rastrear el período de engaño como si comenzara con una gran crisis espiritual, tal como la que en los últimos años hemos llamado “el Bautismo del Espíritu Santo”; una crisis en la que el hombre se entrega a sí mismo en abandono total al Espíritu Santo, y al hacerlo así se abre a los poderes sobrenaturales del mundo invisible.

 

La razón del peligro de esta crisis es que hasta este momento el creyente usaba su facultad de razonamiento al juzgar lo bueno y lo malo, y obedecía lo que él creía que era la voluntad de Dios, por principios; pero ahora, en su abandono al Espíritu Santo, empieza a obedecer a una Persona invisible, y a someter sus facultades, y su capacidad de razonar en obediencia ciega a lo que cree que es de Dios. Qué significa el Bautismo del Espíritu Santo se tratará en un capítulo posterior1; en este momento sólo es necesario decir que es una crisis en la vida de un cristiano, que nadie sino los que la han experimentado la pueden entender completamente. Significa que el Espíritu de Dios se vuelve tan real para el hombre que su objetivo en la vida de aquí en más es la “obediencia implícita al Espíritu Santo”. La voluntad se rinde para llevar a cabo la Voluntad de Dios a toda costa, y todo el ser se somete a los poderes del mundo invisible: por supuesto, el creyente se propone que solamente será el poder de Dios, sin tener en cuenta que hay otros poderes en el reino espiritual, y que todo lo que es “sobrenatural” no es todo de Dios; y sin darse cuenta de que esta rendición absoluta de todo el ser a fuerzas invisibles, sin saber como discernir entre los poderes contrarios de Dios y de Satanás, debe ser del más grave riesgo para el creyente inexperto.

 

La pregunta sobre si esta rendición para “obedecer al Espíritu” está o no de acuerdo con las Escrituras, se debe examinar en vista del modo en que tantos creyentes de todo corazón se han descarriado, ya que es raro que una actitud que es escritural sea tan lastimosamente la causa de peligro y a menudo de hundimiento completo para tantos hijos devotos de Dios.

 

¿LA FRASE OBEDECER “AL ESPÍRITU” ES ESCRITURAL?

 

“El Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen”, es la frase principal que le da surgimiento a la expresión “obedecer al Espíritu”. Fue usada por Pedro ante el Concilio en Jerusalén, pero en ninguna otra parte en las Escrituras se da el mismo pensamiento. El pasaje entero necesita leerse cuidadosamente para alcanzar una conclusión clara. “Debemos obedecer a DIOS” (Hechos 5:29), le dijo Pedro al Sanhedrín, ya que “somos testigos… y también lo es el Espíritu Santo que Dios le ha dado a los que le obedecen” (v. 32). ¿De acuerdo a las primeras palabras del pasaje, el Apóstol quiere decir “obedecer al Espíritu” o “obedecer a DIOS”? La distinción es importante, y el trasfondo de las palabras sólo se puede entender correctamente mediante la enseñanza de otras partes de la Escritura, que el DIOS triuno en el cielo se debe obedecer mediante el poder del Espíritu Santo que habita en el creyente. Ya que el lugar del Espíritu Santo como objeto de obediencia, en vez de Dios el Padre, a través del Hijo, mediante el Espíritu Santo, crea el peligro de guiar al creyente a confiar o a obedecer a un “Espíritu” en él o alrededor de él, en vez de Dios en el trono en el cielo, quien debe ser obedecido por el hijo de Dios unido a su Hijo; el Espíritu Santo es el medio de comunicación, o el instrumento, a través de quien se adora a Dios y se lo obedece.

 

LA VERDADERA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO EN EL CREYENTE

 

Sin embargo, el Bautismo del Espíritu, trae al Espíritu Santo como Persona al rango de la conciencia del creyente de tal manera que por el momento, las otras Personas de la Trinidad en el cielo pueden ser eclipsadas. El Espíritu Santo se vuelve el centro y el objeto del pensamiento y de la adoración, y se le da un lugar el cual Él mismo no desea, y que no es el propósito del Padre en el cielo que Él tenga o que ocupe. “Él no hablará de Sí mismo” (Juan 16:13), dijo el Señor antes del Calvario, mientras contaba de su venida en Pentecostés. El actuaría como Maestro (Juan 14:26), pero que enseñaría las palabras de Otro, no las suyas; Él daría testimonio de Otro, no de Sí mismo (Juan 16:13); en resumen, toda su obra sería guiar las almas a la unión con el Hijo, y al conocimiento del Padre en el cielo, mientras que Él mismo dirige y obra en el trasfondo.

 

Pero la apertura del mundo espiritual que tiene lugar a través de la llenura del Espíritu, y la obra del Espíritu, que ahora ocupa la atención del creyente, es exactamente la oportunidad para que el archiengañador comience sus artimañas de una nueva forma. Si el hombre no está enseñado en las declaraciones escriturales de la obra del Dios Trino, “obedecer al Espíritu” es ahora su propósito supremo; y falsificar la guía del Espíritu y al Espíritu mismo ahora es el plan del engañador, ya que de alguna manera debe recuperar el poder sobre el siervo de Dios, como para volverlo inútil para la guerra agresiva contra las fuerzas de la oscuridad, para arrastrarlo de vuelta al mundo, o de algún modo descarriarlo del servicio activo para Dios.

 

 

EL PELIGRO DEL TIEMPO DEL BAUTISMO DEL ESPÍRITU

 

Es justo aquí que la ignorancia del creyente acerca de (1) el mundo espiritual ahora abierto a él, (2) las obras de los poderes de maldad en ese reino, y (3) las condiciones con las cual Dios trabaja en él y a través de él le da la oportunidad al enemigo. Es el tiempo de peligro más grande para todo creyente, a menos que se lo instruya y se lo prepare, como los discípulos lo fueron por tres años enteros por el Señor. El peligro yace en la línea de “guía” sobrenatural, merced a no conocer la condición de cooperación con el Espíritu Santo, y como discernir la voluntad de Dios; y en las manifestaciones falsificadas, merced a no conocer el “discernimiento de espíritus” necesario para detectar las obras del falso ángel de luz, quien es capaz de producir dones falsificados de profecía, de lenguas, de sanidades, y otras experiencias espirituales, relacionadas con la ora del Espíritu Santo.

 

Los que tienen sus ojos abiertos a las fuerzas opositoras del reino espiritual, entienden que muy pocos creyentes pueden garantizar que están obedeciendo a Dios, y solamente a Dios, en la guía sobrenatural directa, porque hay tantos factores que es probable que intervengan, tales como la propia mente del creyente, su propio espíritu, su propia voluntad, y la intromisión engañosa de los poderes de la oscuridad.

 

Ya que los espíritus inmundos pueden falsificar2 a Dios el Padre, Hijo o Espíritu Santo, el creyente también necesita saber muy claramente los principios sobre los cuales Dios obra, para detectar entre las obras divinas y satánicas. Hay un “discernimiento” que es un don espiritual que le permite al creyente discernir los “espíritus”, pero este también requiere conocimiento de “doctrina” (1 Juan 4:1), como para discernir entre la doctrina que es de Dios, y las doctrinas, o las enseñanzas de espíritus seductores.

 

Hay una detección, por el don de discernimiento de espíritus3, de qué espíritu está obrando, y hay una prueba de espíritus, que es doctrinal. En el primero el creyente puede decir por un espíritu de discernimiento, que los espíritus mentirosos están obrando en una reunión, o en una persona, pero puede que no tenga el entendimiento necesario para probar las “doctrinas” presentadas por un maestro. En ambos casos necesita conocimiento; conocimiento para leer su espíritu con seguridad en la faz de toda apariencia contraria, de que las obras sobrenaturales son “de Dios”; y conocimiento para detectar la sutileza de las “enseñanzas” que llevan ciertas indicaciones infalibles de que emanan del abismo, mientras que parecen ser de Dios.

 

En la obediencia personal a Dios, el creyente puede detectar si él está obedeciendo a Dios en alguna “orden” juzgando por sus frutos, y por el conocimiento del carácter personal de Dios, tal como la verdad de que (1) Dios siempre tiene un propósito en sus órdenes, y que (2) Él no dará orden fuera de armonía con su carácter y con su Palabra. Otros factores necesarios para el conocimiento claro se tratarán con posterioridad4.

 

POR QUÉ EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU ES UN TIEMPO ESPECIAL DE PELIGRO

 

Aquí surge otra pregunta de grave importancia. ¿Por qué después del Bautismo del Espíritu Santo, el creyente debería estar tan especialmente abierto a las  obras del engañador, para que el enemigo tenga terreno sobre el cual trabajar, y con el Espíritu Santo tan manifiestamente en posesión, como puede ser posible el “terreno”, o que el creyente esté abierto a la aproximación del engañador?

 

Posiblemente porque en los años anteriores, por rendirse al pecado, un espíritu inmundo puede haber obtenido acceso al cuerpo o a la mente, y ocultándose profundamente en la estructura del hombre, nunca se lo ha detectado ni desalojado. La manifestación de este espíritu inmundo posiblemente sea aparentemente tan “natural”, o está tan identificada con el carácter de la persona, como para haber tenido un señorío sin impedimentos en su ser, tal como una idea determinada en la mente que se considera como parte de la idiosincrasia del hombre, algún hábito corporal, como parte de la crianza del hombre mismo, por lo tanto “soportado” por los demás, y que es pasado por alto por el creyente por ser una cosa legal, o de importancia trivial; o bien este espíritu inmundo ha tenido alojamiento gracias a un pecado conocido solamente por la persona, o mediante una disposición que le dio señorío. (Véase también “Pasividad”, Cap. 4 y “obsesión” Cap. 5).

 

En el Bautismo del Espíritu, la voluntad pecaminosa por necesidad habrá sido tratada5; esto es, las “obras del diablo”, pero el espíritu inmundo manifestado en la idiosincrasia particular queda sin detectar. El Bautismo del Espíritu tiene lugar y el Espíritu Santo llena el espíritu del hombre; el cuerpo y la mente quedan rendidos a Dios, pero oculto secretamente en uno o en ambos6, está el espíritu o los espíritus inmundos, que obtuvieron alojamiento años antes, pero que ahora irrumpen a la actividad, y ocultan sus “manifestaciones” bajo la cubierta de las verdaderas obras del Espíritu de Dios, que habita dentro del templo interno del espíritu.

 

El resultado de esto es que por un tiempo el corazón está lleno de amor; el espíritu está lleno de luz y de gozo, la lengua se suelta para testificar, pero antes de mucho tiempo se puede detectar un “espíritu fanático” entrar arrastrándose, o un sutil espíritu de orgullo, o de auto importancia y de auto agrandamiento7, concurrentemente con los otros frutos puros del Espíritu, que innegablemente son de Dios.

 

Cual es el terreno sobre el cual el engañador actúa para llevar a cabo sus planes, y cuales son esos planes, y porqué en muchos casos triunfan en capturar a los creyentes devotos, lo trataremos más tarde en este libro. El hecho a enfatizar ahora es que los creyentes “honestos” y sinceros pueden ser engañados, y hasta “poseídos” por los espíritus engañadores, de manera que por un período se salen de la línea principal a un atascadero de engaño, o quedan engañados hasta el fin, a menos que les alcance la luz para su liberación.

 

LA NECESIDAD DE EXAMEN DE LAS TEORÍAS

 

A la luz de la obra de los espíritus engañadores, y de sus métodos de engaño, también se vuelve claro que es necesario el examen cuidadoso de las teorías del siglo XX, de sus concepciones, y de sus expresiones relacionadas con cosas conectadas con Dios, y con su modo de obrar en el hombre; ya que solamente la verdad de Dios, separada de las “opiniones” de la verdad, brindarán protección, o bienestar en el conflicto con los espíritus malignos en las esferas celestes.

 

Todo lo que en cualquier grado sea el resultado de la mente del “hombre natural” (1 Co. 2:14) resultarán ser simplemente armas de paja en esta gran batalla, y si confiamos en las “opiniones de la verdad” de los otros, o en nuestras concepciones humanas de la verdad, Satanás usará esas mismas teorías y puntos de vista para engañarnos, hasta edificándonos en estas teorías y puntos de vista, para que bajo la cubierta de ellas el pueda lograr sus propósitos.

 

Por lo tanto en este momento, no podemos sobreestimar la importancia de que los creyentes tengan mentes abiertas para “examinar todas las cosas” que han pensado, y que han enseñado, relacionadas con las cosas de Dios, y con el reino espiritual. Todas las “verdades” que han sostenido, todas las frases y expresiones que han enseñado en esas “enseñanzas de santidad”, y todas las enseñanzas que han absorbido a través de los otros; ya que cualquier interpretación equivocada de la verdad, cualquieras teorías y frases que sean concebidas por el hombre, y sobre las cuales podamos edificar equivocadamente, tendrán consecuencias peligrosas para nosotros mismos, y para los demás, en el conflicto que la Iglesia y que el creyente individual están atravesando ahora. Ya que en los “últimos tiempos” los espíritus inmundos vendrán a ellos con engaños en forma doctrinal, los creyentes deben examinar cuidadosamente lo que aceptan como “doctrina”, por temor a que sea de los emisarios del engañador.

 

AL CREYENTE ESPIRITUAL SE LO EXHORTA A JUZGAR TODAS LAS COSAS

 

El deber de examen de las cosas espirituales es instado enérgicamente por el Apóstol Pablo, una y otra vez. “El que es espiritual juzga (margina, examina, o como en griego, investiga y decide) todas las cosas” (1 Co. 2:15). El creyente “espiritual” debe usar su “juicio”, que es una facultad renovada si es que es un “hombre espiritual”, y este examen espiritual, o juicio, se menciona como operativo en conexión con las “cosas del Espíritu de Dios” (1 Co. 2:14), demostrando como el mismo Dios honra la personalidad inteligente del hombre que Él crea de nuevo en Cristo, al invitar al “juicio” y al “examen” de sus propias obras mediante su Espíritu; de manera que hasta “las cosas del Espíritu” no se deben recibir de Él sin ser examinadas, y “discernidas espiritualmente” como que son de Dios. Por lo tanto, cuando se dice que conexión con las manifestaciones sobrenaturales y anormales del tiempo presente, que no es necesario, ni siquiera de acuerdo a la voluntad de Dios, que los creyentes entiendan o que expliquen la voluntad de Dios, está en desacuerdo con la declaración del Apóstol de que “el que es espiritual juzga todas las cosas”, y consecuentemente de que debería rechazar todas las cosas las cuales su juicio espiritual es incapaz de aceptar, por lo menos hasta el tiempo en que sea capaz de discernir con claridad cuales son las cosas de Dios.

 

Y no solamente el creyente debe discernir o juzgar las cosas del espíritu – es decir, todas las cosas en el reino espiritual – sino que también debe juzgarse a sí mismo. Ya que “si nos examinásemos a nosotros mismos” – la palabra griega significa un examen exhaustivo – no necesitaríamos el trato del Señor, para traer luz a las cosas en nosotros mismos que no hemos sido capaces de discernir mediante la discriminación (1 Co. 11:31).

 

“Hermanos, no seáis niños en el sentido, sino sed niños en la malicia: empero PERFECTOS EN EL SENTIDO” (gr. de edad completa o madura, 1 Co. 14:20), escribió el Apóstol nuevamente a los Corintios, a medida que les explicaba el modo de obrar del Espíritu entre ellos. El creyente en el “sentido” debe ser de “edad madura”, esto es, debe ser capaz de examinar, de “traer a prueba” (gr., probar, demostrar, examinar, 2 Tim. 4:2, R.V.), y “examinadlo todo” (1 Tes. 5:21). Debe abundar en conocimiento y en “todo discernimiento”, como para “probar las cosas que difieren”, para que pueda ser “sincero y sin ofensa” para el día de Cristo (Fil. 1:10).

 

LAS EXPRESIONES, “OPINIONES” Y DOCTRINAS NECESITAN EXAMINARSE

 

De acuerdo con estas directivas de la Palabra de Dios, y en vista del tiempo crítico a través del cual está pasando la Iglesia de Cristo, toda expresión, “opinión” o teoría que tengamos relacionada con las cosas, ahora se debería examinar cuidadosamente y traerse a prueba con un deseo abierto y honesto de conocer la verdad pura de Dios, así también como toda declaración que llegue a nuestro conocimiento de la experiencia de los demás, que pueda arrojar luz sobre nuestro propio camino. Cada crítica – justa o injusta – se debería recibir humildemente, y examinarse para descubrir su fundamento, aparente o real; y los hechos relacionados con las verdades espirituales de cada sector de la Iglesia de Dios, se debería analizar, independientemente de su placer o dolor hacia nosotros personalmente, tanto para nuestra iluminación o para nuestro equipamiento para el servicio de Dios. Porque el conocimiento de la verdad es lo más esencial para la guerra con los espíritus mentirosos de Satanás, y porque la verdad se debe buscar con avidez, y enfrentarse con un deseo honesto y sincero de conocerla y obedecerla a la luz de Dios; la verdad relacionada con nosotros mismos, discernida por la discriminación imparcial; la verdad de las Escrituras, no coloreada, no retorcida, no mutilada, no diluida; la verdad al enfrentar los hechos de la experiencia en todos los miembros del Cuerpo de Cristo, y no sólo en una sección.

 

EL LUGAR DE LA VERDAD EN LA LIBERACIÓN

 

Hay un principio fundamental involucrado en el poder liberador de la verdad de los engaños del diablo. La liberación de creer las mentiras debe ser por creer la verdad. Nada puede quitar una mentira sino la verdad. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8:32), es aplicable a todo aspecto de verdad, así también como a la verdad especial referida por el Señor cuando Él dijo las palabras que envolvían otras palabras.

 

En la primerísima etapa de la vida cristiana el pecador debe conocer la verdad del evangelio, si es que será salvo. Cristo es el Salvador, pero Él salva a través delos instrumentos o los medios y no aparte de ellos. Si el creyente necesita liberación, debe pedírsela al Hijo de Dios. ¿Cómo libera el Hijo de Dios? Mediante el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo lo hace mediante la instrumentación de la verdad, o podemos decir en resumen, la libertad es el don del Hijo, mediante el Espíritu Santo obrando a través de la verdad.

 

Hay tres etapas de aprender la verdad:

 

1. Percepción de la verdad por el entendimiento.

2. Percepción de la verdad por el uso y la aplicación personal.

3. Percepción de la verdad por la enseñanza y por pasársela a los otros.

 

La verdad aparentemente no asida puede yacer en la mente, y en la hora de necesidad súbitamente emerge a la experiencia, y así mediante la experiencia se vuelve claro a la mente en la cual ha estado yaciendo adormecida. Es solamente mediante la aplicación continua y mediante la asimilación de la verdad en la experiencia, que se vuelve clara a la mente para enseñársela a los otros.

 

La gran necesidad de todos los creyentes es que busquen ávidamente la verdad para su liberación progresiva de todas las mentiras de Satanás, ya que el conocimiento y la verdad por sí solos pueden dar la victoria sobre Satanás como engañador y mentiroso. Si los oyentes de la verdad la resistiesen, o se rebelaran contra ella, la verdad bien puede dejarse al cuidado del Espíritu Santo de Verdad. Aún en el caso de resistencia a la verdad por lo menos ha llegado a la mente, y en cualquier momento puede fructificar hasta llegar a la experiencia.

 

Hay tres actitudes de la mente en relación al conocimiento, a saber,

 

1. Asunción de conocer cierta cosa.

2. Neutralidad hacia ella, es decir “no sé”.

3. Certeza de conocimiento verdadero.

 

Esto está ejemplificado en la vida de Cristo. Algunos decían de Él “es un falso profeta”, con una asunción de conocimiento; otros decían “no sabemos”, tomando una posición de neutralidad hasta que lo supieran; pero Pedro dijo “Sabemos…” y él tenía verdadero conocimiento.

 

LA SEGURIDAD DE UNA ACTITUD NEUTRAL A TODAS LAS MANIFESTACIONES SOBRENATURALES

 

Cuando los creyentes oyen por primera vez la posibilidad de la falsificación de las obras de Dios y de las cosas divinas, invariablemente preguntan “¿Cómo vamos a saber cuál es cuál?”. En principio, es suficiente para ellos saber que tales falsificaciones son posibles; y entonces, a medida que maduran, o buscan luz de Dios, aprenden a conocer por sí mismos, ya que ningún ser humano se lo puede explicar.

 

Pero gritan “No sabemos, y ¿cómo podemos saber?”. Deberían permanecer neutrales a todas las obras sobrenaturales hasta que lo sepan. Hay entre muchos una ansiedad equivocada por conocer, como si el conocimiento por sí solo pudiera salvarlos. Piensan que deben estar a favor o en contra de ciertas cosas, que no pueden decidir si son de Dios o del diablo, y quieren conocer infaliblemente cuál es cuál, para que puedan declarar su posición: pero los creyentes pueden tomar la actitud de “a favor” o “en contra” sin saber si las cosas de las que dudan son de divinas o satánicas; y pueden ellos mismos mantener la sabiduría y la seguridad de la posición neutral hacia las cosas, hasta que por medios que no se pueden describir completamente, sepan lo que han querido entender.

 

Un efecto del excesivo afán de desear el conocimiento es una ansiedad febril y una impaciencia incesante, preocupación y perturbación que causa pérdida de equilibrio moral y de poder. Es importante al buscar una “bendición” no destruir otra. Al buscar conocimiento de las cosas espirituales que el creyente no pierda la paciencia, y el sosiego quieto y calmado y la fe; que se vigile a sí mismo, para que el enemigo no gane ventaja y le robe el poder moral, mientras que está entusiasmado por tener luz y verdad del camino de victoria sobre él.

 

CONCEPCIÓN EQUIVOCADA DEL REFUGIO DE LA SANGRE

 

De aquí en más pasamos a tratar el terreno para la obra de los espíritus engañadores en los creyentes, se referirá brevemente a algunas malas interpretaciones de la verdad que le están dando terreno a los poderes de las tinieblas en este momento, y que necesitan examen para descubrir qué lejos están de la verdad de acuerdo con la Escritura. (1) Una concepción equivocada del “refugio de la Sangre” reclamada sobre una asamblea como garantía de una protección absoluta contra la obra de los poderes de las tinieblas.

 

La “proporción de verdad” del Nuevo Testamento relacionada con la aplicación de la Sangre, por el Espíritu Santo, se puede decir brevemente que es como sigue: – (1) La  Sangre de Jesús limpia de pecado, (a) “si andamos en luz”, y (b) “si confesamos nuestros pecados” (1 Juan 1:7, 9). (2) La Sangre de Jesús da acceso al Lugar Santísimo, a causa del poder limpiador del pecado (Hebreos 10:19). (3) La Sangre de Jesús es el terreno de victoria sobre Satanás, a causa de su limpieza de todo pecado confesado, y porque en el Calvario Satanás fue conquistado (Ap. 12:11), pero no leemos que nadie se pueda poner “bajo la Sangre” aparte de  su propia voluntad y de su condición individual ante Dios; es decir, si se reclama el “refugio de la Sangre” sobre una asamblea de gente, y uno presente le está dando terreno a Satanás, el “reclamo de la Sangre” no llega a impedir que Satanás obre sobre el terreno al que tiene derecho en esa persona.

 

En reuniones de gente en todas las etapas del conocimiento y de la experiencia espiritual, el efecto real de reclamar el poder de la Sangre sólo puede ser sobre la atmósfera en donde están los espíritus inmundos; y el Espíritu Santo da testimonio de que hay un efecto limpiador inmediato, como se ejemplifica en Ap. 12:11, en donde la guerra de que se habla es en los “cielos”, con un enemigo espiritual, obrando como acusador.

 

Por lo tanto, un error de concepto sobre el poder protector de la Sangre es grave, ya que aquellos que están presentes en una reunión en donde está obrando tanto Satanás como Dios, pueden creer que están seguros personalmente de las obras de Satanás, aparte de su condición individual y de su trato con Dios, mientras que a través del terreno cedido que le han dado al adversario – consciente o inconscientemente – están abiertos a su poder.

 

CONCEPCIONES EQUIVOCADAS RELACIONADAS CON “ESPERAR AL ESPÍRITU”

 

(2) Concepciones equivocadas relacionadas con “esperar al Espíritu” que descienda. Aquí otra vez encontramos expresiones y teorías que extravían y abren la puerta a los engaños satánicos. “Si queremos una manifestación pentecostal debemos ‘aguardar’ como hicieron los discípulos antes de Pentecostés”, nos hemos dicho el uno al otro, y nos hemos aferrado al texto en Lucas 24:49 y Hechos 1:4, y pasamos el dicho. “Sí, debemos ‘aguardar’”, hasta que obligados por las incursiones del adversario en las “reuniones de espera” hemos tenido que escudriñar las Escrituras una vez más, para descubrir que a la palabra del Antiguo Testamento para “esperar en el Señor” tan a menudo usada en los Salmos se la ha tironeado más allá de la proporción de verdad del Nuevo Testamento, y se ha exagerado en un “esperar en Dios” para el derramamiento del Espíritu, que aún ha ido más allá de los “diez días” que precedieron el Pentecostés, hasta cuatro meses y aún cuatro años, y que para nuestro conocimiento ha resultado en un influjo de espíritus engañadores que ha despertado rudamente  a algunas de las almas que esperaban. La verdad escritural relacionada con esperar al Espíritu8 se puede resumir como sigue:

 

1.       Los discípulos esperaron diez días, pero nosotros no tenemos indicación de que “esperaron” en un estado pasivo, sino más bien en simple oración, y súplica, hasta hubo llegado la totalidad del tiempo para el cumplimiento de la promesa del Padre.

2.       La orden de esperar dada por el Señor (Hechos 1:4) no fue llevada adelante en la dispensación cristiana después de que el Espíritu Santo había venido, ya que en ningún caso, tanto en Hechos como en las Epístolas los Apóstoles le indicaron a los discípulos que ‘aguarden’ el don del Espíritu Santo, sino que usaron la palabra ‘recibir’ en cada caso (Hechos 19:2)9.

 

Es verdad que en este momento la iglesia como un todo está viviendo experimentalmente en el lado equivocado de Pentecostés, pero al tratar con Dios individualmente para la recepción del Espíritu Santo, esto no vuelve a los buscadores a la posición de los discípulos antes de que el Espíritu Santo hubiera sido dado por el Señor Ascendido. El Señor Resucitado vertió la corriente del Espíritu una y otra vez luego del día de Pentecostés, pero en cada caso fue sin ‘aguardar’ como hicieron los discípulos al principio (véase Hechos 4:31). El Espíritu Santo que procede del Padre mediante el Hijo hacia su pueblo, ahora está entre ellos, esperando darse incesantemente a todo aquel que se apropie y lo reciba (Juan 15:26; Hechos 2:33, 38, 39). El “esperar al Espíritu” por lo tanto no está de acuerdo con el tenor general de la verdad dada en Hechos o en las Epístolas, el cual más bien muestra el llamado imperativo a que el creyente lo reclame, no sólo para su identificación con el Señor Jesús en su muerte, y su unión en vida con Él en su resurrección, sino también para la dotación para testificar, que vino a los discípulos en el día de Pentecostés.

 

De parte del creyente, sin embargo podemos decir que hay una espera por Dios, mientras que el Espíritu Santo trata y prepara a aquel que lo ha reclamado, hasta que esté en la actitud correcta para el influjo del Espíritu Santo a su espíritu, pero esto es diferente de “esperar que Él venga”10, lo que le ha abierto la puerta tan frecuentemente a las manifestaciones satánicas del mundo invisible. El Señor hace de acuerdo a las palabras del creyente cuando el reclama su parte del don pentecostal, pero la “manifestación del Espíritu” – la evidencia de su morada interna y de su obra externa – puede no estar de acuerdo a cualquier pre concepción del que lo busca11.

 

POR QUE LAS REUNIONES DE ESPERA SON BENEFICIOSAS PARA LOS ESPÍRITUS INMUNDOS

 

El porqué las “reuniones de espera” – esto es “esperar al Espíritu” hasta que descienda de un modo manifestado – han sido tan beneficiosas para los espíritus engañadores es porque no están de acuerdo con la Palabra escrita, en donde se establece que (1) al Espíritu Santo no se le debe orar, ni se le debe pedir que venga, ya que Él es el Don de Otro (véase Lucas 11:13; Juan 14:16). (2) No se debe “esperar” al Espíritu Santo, sino tomarse o recibirse de la mano del Señor Ascendido (Juan 20:22; Ef. 5:18), de quien está escrito “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Mt. 3:11). Esto está fuera de línea con la verdad de las Escrituras, por lo tanto la oración al Espíritu, “confiar en el Espíritu”, “obedecer al Espíritu”, “esperar al Espíritu” que descienda, pueden convertirse todas en oración, confianza y obediencia a espíritus inmundos, cuando falsifican la obra de Dios, como veremos más tarde.

 

Otras concepciones equivocadas de la verdad espiritual, se centra alrededor de frases tales como estas: “Dios puede hacer todo. Si yo confío en Él, debe guardarme”, sin entender que Dios obra de acuerdo a leyes y condiciones, y que aquellos que confían en Él deberían buscar conocer las condiciones sobre las cuales Él puede obrar en respuesta a su confianza. “Si yo estuviera equivocado, Dios no me usaría”, sin entender que si un hombre está bien en su voluntad, Dios lo usará hasta el máximo posible, pero este ser “usado” por Dios no es garantía de que algún hombre esté absolutamente bien en todo lo que dice y hace.

 

“No tengo pecado”, o “el pecado ha sido quitado totalmente”, sin saber cuan profundamente la vida pecaminosa de Adán está arraigada en la creación caída, y como la presuposición de que “el pecado” ya ha sido eliminado de todo el ser, le permite al enemigo impedir que la vida de la naturaleza sea tratada por el poder continuo de la Cruz. “Dios, que es amor, no permitirá que sea engañado” es en sí mismo un engaño, basado en la ignorancia de las profundidades de la Caída, y de la concepción equivocada de que Dios obra independientemente de las leyes espirituales. “No creo que sea posible que un cristiano sea engañado” es un cerrar los ojos a los hechos a nuestro alrededor a cada lado. “He tenido una experiencia demasiado larga como para necesitar enseñanza”; “Debo ser enseñado por Dios directamente, porque está escrito ‘No necesitáis que nadie os enseñe’”, es otro pasaje mal utilizado de la Escritura, el cual algunos creyentes interpretan como si significase que deben rechazar toda enseñanza espiritual a través de los otros. Pero que las palabras del Apóstol “No necesitáis que nadie os enseñe” no impiden que Dios enseñe a través de maestros ungidos, se muestra en la inclusión de “doctores” en la lista de los creyentes dotados para la Iglesia, para la “edificación del Cuerpo de Cristo” y gracias a que está “bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento” (Ef. 4:11-16). Ya que Dios a veces puede enseñar a sus hijos más rápidamente por mediante medios indirectos – esto es, mediante otros – que directamente, porque los hombres son tan lentos para entender el modo de enseñanza directa por el Espíritu de Dios.

 

Muchas otras concepciones equivocadas de las cosas espirituales similares de los cristianos hoy en día le dan la oportunidad al engaño del enemigo, porque hacen que los creyentes cierren la mente a (1) las declaraciones de la palabra de Dios, (2) los hechos de la vida, (3) la ayuda de otros que podrían arrojar luz en el camino (1 Pedro 1:12).

 

 

 

 

LOS PELIGROS DE FRASES ACUÑADAS PARA EXPRESAR LAS VERDADES ESPIRITUALES

 

Otros peligros se centran alrededor de la acuñación de frases para describir una experiencia especial, y de palabras en el uso familiar en contra de los hijos honestos de Dios que asisten a las asambleas, tales como “poseer”, “controlar”, “rendirse”, “dejarse ir”, que todas contienen verdad en relación a Dios, pero en la interpretación de ellas en las mentes de muchos creyentes, es probable que produzcan las condiciones para que los espíritus inmundos de Satanás “posean” y “controlen” a aquellos que “se rinden”, y que “se dejan ir” a los poderes del mundo espiritual, sin saber como discernir entre la obra de Dios y la de Satanás.

 

Varias preconceptos del modo en que Dios trabaja, también le dan a los espíritus inmundos la oportunidad, tal como la de que cuando un creyente es obligado sobrenaturalmente a actuar es una evidencia especial de que Dios lo está guiando, o la de que si Dios nos trae todas las cosas a la “memoria” no necesitamos usar la memoria para nada12.

 

Otros pensamientos que son probables que produzcan la condición pasiva13, la cual los espíritus inmundos necesitan para sus obras engañosas, también pueden ser gracias a las siguientes malinterpretaciones de la verdad:

 

1.       “Cristo vive en mí”, es decir, ahora yo no vivo más para nada;

2.       “Cristo vive en mí”, es decir, he perdido mi personalidad, porque Cristo ahora está en mí personalmente, basado en Gálatas 2:20;

3.       “Dios obra en mí”, es decir, no necesito obrar, sólo rendirme y obedecer, basado en Fil. 2:13;

4.       “Dios quiere en lugar de mí”, es decir, no debo usar mi voluntad para nada;

5.       “Dios es el único que juzga”, es decir, no debo usar mi juicio.

6.       “Tengo la mente de Cristo”, no debo tener ninguna opinión propia, basado en 1 Cor. 2:16.

7.       “Dios me habla”, así que no debo “pensar” ni “razonar”, solamente “obedecer” lo que me dice que haga.

8.       “Espero en Dios”, y “No debo actuar hasta que Él me mueva”.

9.       “Dios me revela su voluntad en visiones”, así que no necesito decidir, ni usar mi razón ni mi conciencia.

10.    “Junto con Cristo estoy crucificado”, por lo tanto “Estoy muerto”, y debo “practicar” la muerte, que me imagino que es la pasividad de sentimiento, de pensamiento, etc.

 

Para llevar a la práctica estas varias concepciones de verdad el creyente extingue toda acción personal de mente, de juicio, de razón, de voluntad y de actividad, para que “la vida divina fluya” a través de él, mientras que Dios necesita la liberación más completa de las facultades del hombre, y su cooperación voluntaria activa e inteligente, para el desarrollo de todas estas verdades espirituales en la experiencia.

 

La tabla siguiente mostrará algunas otras malinterpretaciones de verdad, que necesitan clarificarse en las mentes de los hijos de Dios:

 

VERDAD

VERDADERA
INTERPRETACIÓN

INTERPRETACIÓN
INCORRECTA

1.

"La Sangre de Jesús limpia…"

Limpia momento a momento.

Deja al hombre sin pecado.

2.

"No sois vosotros los que habláis…"

La fuente no es del creyente.

14El hombre no debe hablar ni usar sus mandíbulas, sino estar pasivo.

3.

"Pedid y recibiréis."

Pida de acuerdo a la Voluntad de Dios y recibirá.

15Pida cualquier cosa y recibirá.

4.

"Es Dios que obra en vosotros el querer y el hacer…"

El hombre debe "querer" y debe actuar. (página 74)

14Dios quiere por usted (o en lugar de usted) y Dios obra en lugar de usted.

5.

"No necesitáis que nadie os enseñe."

No necesita que ningún hombre le enseñe, pero usted necesita maestros enseñados por el Espíritu dados por Dios.

16No debo aceptar la enseñanza de ningún hombre, sino "directa" de Dios…

6.

"Él os guiará a toda verdad…"

El Espíritu de Dios guiará, pero yo debo ver como y cuando…

16me guió a toda verdad

7.

"Un pueblo para su posesión"

Propiedad de Dios.

"Poseído" por Dios que lo habita, moviéndose y  controlando a un autómata pasivo.

8.

“Útil para los usos del Señor "

Dios, En el espíritu del hombre, usa la mente, en el sentido de  darle luz para la cooperación inteligente del creyente.

"Usado" por Dios como una herramienta pasiva, que requiere sumisión ciega.

 

¿Entonces cuál es la condición para la seguridad contra el engaño de los espíritus inmundos? (1) Conocimiento de que existen; (2) que pueden engañar a la mayoría de los creyentes honestos (Gal. 2:11-16); (3) una comprensión de las condiciones y del terreno necesario para su obra, como para no darles lugar, y ninguna oportunidad de obrar; y finalmente, (4) conocimiento inteligente de Dios, y de cómo cooperar con Él en el poder del Espíritu Santo. Aclarar estos puntos será nuestro propósito en las páginas sucesivas.